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Barranquilla: el laboratorio donde Colombia aprendió a ser moderna

Barranquilla: el laboratorio donde Colombia aprendió a ser moderna

Extracto

La expresión “Barranquilla, laboratorio de la modernidad colombiana” no es solamente una metáfora periodística: existe incluso un estudio académico de Harold Dede Acosta titulado La carrera del Progreso (1852-1938): un laboratorio de modernidad en Barranquilla, publicado en Memorias, revista de la Universidad del Norte. Otros estudios académicos han definido a Barranquilla como una de las principales puertas de entrada de la modernidad al país.

Hay ciudades que nacen mirando hacia su pasado. Otras nacen mirando hacia el futuro. Barranquilla pertenece, en buena medida, a la segunda categoría. Por eso no resulta exagerado que la historiografía urbana haya llegado a describirla como un laboratorio de modernidad y como una de las principales puertas de entrada de la modernidad a Colombia.

Pero ¿qué significa realmente esa afirmación?

Significa que, durante buena parte del siglo XIX y las primeras décadas del XX, Barranquilla fue el lugar donde Colombia comenzó a experimentar, a veces antes que otras ciudades del país, con nuevas formas de comerciar, producir, transportarse, comunicarse, habitar, construir y relacionarse con el mundo.

Y lo extraordinario es que aquella transformación no comenzó en una ciudad colonial tradicional. Comenzó en una ciudad relativamente joven, sin grandes monumentos coloniales, sin una aristocracia heredada de los tiempos virreinales y ubicada estratégicamente entre el río Magdalena y el mar Caribe.

El río fue su primera autopista hacia el mundo

La historia de la modernidad barranquillera comienza inevitablemente con su posición geográfica. El río Magdalena era, durante el siglo XIX, la gran vía de comunicación entre el interior de Colombia y el Caribe. Pero Barranquilla tenía algo más: estaba conectada con el mar.

La apertura de Sabanilla al comercio de exportación y posteriormente al de importación convirtió progresivamente a Barranquilla en el gran punto de conexión entre Colombia y los mercados internacionales. La ciudad entendió muy pronto algo que para un país geográficamente fragmentado era fundamental: para modernizarse había que conectarse.

Barranquilla se convirtió precisamente en eso: un punto de encuentro entre el país interior y el mundo exterior. La historiadora Adelaida Sourdis ha descrito cómo por sus puertos entraron máquinas, barcos de vapor, ferrocarriles, automóviles, telégrafo, radio, modas y nuevas formas de consumo y de vida urbana.

Barranquilla no inventó necesariamente todos esos elementos. Pero sí fue uno de los primeros lugares donde Colombia pudo recibirlos, incorporarlos y convertirlos en parte de la vida cotidiana.

El ferrocarril cambió la escala de la ciudad

En 1871 se inauguró el ferrocarril entre Barranquilla y Sabanilla, y posteriormente su conexión con el complejo portuario de Puerto Colombia. Esto fue mucho más que una obra de infraestructura. El ferrocarril modificó la relación entre tiempo, distancia, mercancías y territorio.

El comercio dejó de depender exclusivamente de los caminos tradicionales y del transporte animal. Las mercancías podían desplazarse con mayor rapidez entre el interior, el puerto y los mercados internacionales.

En una Colombia donde la geografía había sido durante siglos uno de los mayores obstáculos para el desarrollo, aquello significaba una auténtica revolución. Barranquilla comenzaba a funcionar como una ciudad moderna porque empezaba a vivir bajo una nueva lógica: la lógica de la velocidad.

La Barranquilla de Hoy

Una ciudad donde primero aparecían las novedades

La condición portuaria produjo algo todavía más importante. Barranquilla se convirtió en un lugar de experimentación. Allí llegaron comerciantes, empresarios, técnicos, viajeros e inmigrantes de diferentes lugares del mundo.

La ciudad recibió comunidades británicas, alemanas, francesas, italianas, estadounidenses, judías sefardíes, sirio-libanesas y de otros orígenes, además de migrantes procedentes de distintas regiones de Colombia.

Aquella diversidad transformó profundamente la cultura urbana. No era simplemente una cuestión demográfica. Llegaban también ideas, conocimientos, capitales, tecnologías, gustos, costumbres y maneras diferentes de entender el mundo. Por eso Barranquilla desarrolló muy temprano una mentalidad cosmopolita.

La ciudad miraba hacia el Caribe, hacia Europa, hacia Estados Unidos y hacia los circuitos comerciales internacionales, mientras buena parte de Colombia todavía permanecía condicionada por una estructura económica y social heredada de la época colonial.

El capitalismo encontró aquí un terreno fértil

  • El comercio produjo capital.
  • El capital produjo empresas.
  • Las empresas produjeron industria.
  • Y la industria transformó la ciudad.

Durante las primeras décadas del siglo XX aparecieron fábricas de alimentos, bebidas, textiles, cigarrillos, calzado, productos químicos y otros bienes. En 1909 se inauguró la Fábrica de Tejidos Obregón, considerada la primera gran fábrica textil del país.

Para 1934 existían ya numerosas industrias metalmecánicas y manufactureras, y el empleo industrial había alcanzado dimensiones significativas. Barranquilla comenzó entonces a experimentar algo que cambiaría para siempre la sociedad colombiana: la ciudad industrial.

El empresario ya no era solamente comerciante. Se convertía también en constructor de infraestructura, generador de empleo, promotor urbano y protagonista de la transformación de la ciudad. Ese fenómeno resulta fundamental para comprender por qué Barranquilla fue un verdadero laboratorio de modernidad.

La modernidad también llegó por los servicios públicos

Una ciudad moderna no podía depender únicamente de comerciantes y fábricas. Necesitaba agua, energía, comunicaciones, transporte y servicios y Barranquilla volvió a estar entre las pioneras. La Alcaldía registra la prestación del servicio de acueducto desde 1880 y la llegada de los primeros equipos de telefonía en 1885.

Es decir, mientras Colombia todavía estaba construyendo lentamente su infraestructura nacional, Barranquilla comenzaba a experimentar con los servicios que definirían la vida urbana del siglo XX. La modernidad empezaba a dejar de ser una idea abstracta.

  • Podía sentirse en la calle.
  • En el agua que llegaba a las casas.
  • En el teléfono.
  • En el tranvía.
  • En la electricidad.
  • En los nuevos comercios.
  • En las fábricas.
  • En los espacios públicos.
  • En la iluminación nocturna.
  • En la posibilidad de comunicarse más rápidamente.

Y entonces llegó el avión

Si el ferrocarril había reducido las distancias terrestres, Barranquilla se lanzó a reducir las distancias aéreas. En 1912 se realizaron vuelos pioneros sobre la ciudad. Pero el verdadero salto ocurrió en 1919. Ese año comenzó el servicio de correo aéreo y nació la Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos SCADTA, fundada en Barranquilla por empresarios colombianos y aviadores alemanes.

SCADTA sería posteriormente uno de los antecedentes fundamentales de Avianca. Barranquilla se convertía así en algo extraordinario, era simultáneamente puerto marítimo, puerto fluvial y puerto aéreo. La ciudad no solamente estaba conectada con el mundo. Estaba experimentando nuevas maneras de vencer la geografía.

La radio también encontró aquí un lugar de nacimiento

La modernidad no solamente viaja por barcos, trenes y aviones. También viaja por las ondas. En 1928 Elías Pellet Buitrago inició transmisiones de La Voz de Barranquilla, uno de los hitos fundamentales en el nacimiento de la radio colombiana. La radio cambió nuevamente la relación entre la ciudad y la información.

  • La noticia podía viajar.
  • La música podía viajar.
  • La publicidad podía viajar.
  • Las ideas podían viajar.
  • La ciudad comenzaba a vivir en tiempo real.

Y esa es otra de las características esenciales de la modernidad: la aceleración de la circulación de información.

El Prado: la ciudad moderna convertida en arquitectura

El Prado en sus primeros tiempos: cuando Barranquilla comenzó a imaginar la ciudad moderna. Estas antiguas imágenes muestran, posiblemente hacia las décadas de 1920 o 1930, los primeros paisajes urbanos del barrio El Prado, una de las experiencias más importantes de urbanismo moderno en Colombia.

Pero quizá uno de los mejores ejemplos de la mentalidad moderna barranquillera sea el barrio El Prado. La ciudad comenzó a imaginar una nueva forma de vivir.

  • Casas amplias.
  • Jardines.
  • Terrazas.
  • Calles arborizadas.
  • Espacios abiertos.
  • Separación entre vivienda y vía pública.
  • Nuevos conceptos de higiene, ventilación, privacidad y confort.

La propia Alcaldía de Barranquilla identifica a El Prado como la primera urbanización moderna de Colombia, y hoy es Bien de Interés Cultural de ámbito nacional. El Prado no fue solamente un conjunto de casas bonitas, fue la materialización de una nueva concepción de ciudad.

La arquitectura comenzó a expresar una idea diferente de sociedad, una sociedad que quería dejar atrás la ciudad colonial compacta y mirar hacia una ciudad abierta, verde, ventilada, funcional y conectada con las nuevas ideas internacionales.

La carrera del Progreso: una radiografía de la modernización

Existe incluso una investigación académica dedicada a estudiar este proceso a través de una vía específica, la antigua carrera del Progreso, hoy carrera 41. Harold Dede Acosta sostiene que esa vía permite observar cómo las ideas modernas fueron penetrando en Barranquilla y transformando progresivamente su arquitectura, sus actividades comerciales y su vida urbana.

A su alrededor aparecieron comercios, teatros, cafés, restaurantes, hoteles, compañías de seguros, industrias, servicios públicos, teléfonos, tranvías y nuevos espacios de sociabilidad. Es decir, una calle podía convertirse en una especie de laboratorio donde se encontraban: capital + tecnología + comercio + arquitectura + cultura + entretenimiento + comunicación. Eso es modernidad urbana.

También llegaron el cine, el deporte y nuevas formas de entretenimiento

La modernidad transformó además el ocio. El cine, los teatros, los clubes, los cafés, los restaurantes, los bares y las nuevas formas de espectáculo empezaron a formar parte de la vida urbana.

Barranquilla se convirtió en un lugar donde circulaban compañías teatrales internacionales y donde las nuevas expresiones culturales podían encontrar rápidamente público. La ciudad moderna no era solamente una ciudad que producía. Era también una ciudad que consumía cultura, y eso modificó profundamente la vida social.

La modernidad barranquillera fue, sobre todo, una actitud

Aquí está quizás la clave. Decir que Barranquilla fue un laboratorio de modernidad no significa afirmar que todo funcionaba perfectamente ni que la ciudad estuviera libre de desigualdades, conflictos o contradicciones.

Tampoco significa que Barranquilla haya sido la única ciudad moderna de Colombia. Medellín desarrolló una extraordinaria tradición industrial, Bogotá se consolidó como centro político, administrativo y cultural, Cali experimentó posteriormente una enorme transformación económica y urbana.

Cartagena tenía una importancia histórica y portuaria excepcional, pero Barranquilla tuvo una particularidad: fue uno de los primeros lugares del país donde muchas de las piezas de la modernidad llegaron simultáneamente y comenzaron a interactuar.

  • Puerto.
  • Ferrocarril.
  • Industria.
  • Inmigración.
  • Comercio internacional.
  • Servicios públicos.
  • Teléfono.
  • Electricidad.
  • Tranvía.
  • Aviación.
  • Radio.
  • Arquitectura moderna.
  • Urbanismo.
  • Nuevos hábitos de consumo.
  • Nuevas formas de entretenimiento.
  • Todo ello produjo una experiencia urbana diferente.

Pero el laboratorio también tuvo sus límites

Y aquí aparece una parte menos conocida de la historia. La modernidad no fue eterna. Barranquilla perdió progresivamente parte de su ventaja portuaria frente a Buenaventura, especialmente por la nueva importancia del Canal de Panamá y por los cambios en las rutas del comercio internacional.

La literatura académica identifica precisamente el fortalecimiento de Buenaventura como uno de los factores que eclipsaron la primacía portuaria de Barranquilla; además, el mismo afán por reemplazar continuamente lo viejo por lo nuevo tuvo consecuencias.

El investigador Harold Dede Acosta plantea una paradoja fascinante: Barranquilla desarrolló una relación tan intensa con la idea de progreso que muchas veces terminó destruyendo su propio pasado para construir nuevamente el futuro. La ciudad se reinventaba una y otra vez.

Lo viejo era sustituido por lo nuevo y lo nuevo, con el tiempo, volvía a ser reemplazado. En otras palabras: la modernidad que construyó a Barranquilla también contribuyó a borrar parte de la Barranquilla que la había construido.

Entonces, ¿por qué Barranquilla fue el laboratorio de la modernidad colombiana?

Porque allí Colombia pudo ensayar, antes y con una intensidad extraordinaria, una nueva manera de ser país. Una manera basada en:

  • la conexión con el mundo,
  • el comercio internacional,
  • la inmigración,
  • la empresa privada,
  • la industria,
  • la tecnología,
  • la infraestructura,
  • la movilidad,
  • la comunicación,
  • el urbanismo,
  • la arquitectura,
  • la cultura cosmopolita
  • y, sobre todo,
  • la idea de que el futuro podía ser construido deliberadamente.

Barranquilla no fue simplemente el lugar por donde entraron mercancías extranjeras. Fue uno de los lugares donde Colombia aprendió a convivir con la modernidad.

  • Por sus puertos llegaron máquinas,
  • Por sus ferrocarriles circuló el progreso.
  • Por sus fábricas nació una nueva economía.
  • Por sus teléfonos se aceleró la comunicación.
  • Por sus calles apareció una nueva forma de vida urbana.
  • Por sus aviones se conquistó el espacio aéreo.
  • Por sus radios comenzaron a circular nuevas voces.
  • Y por sus barrios modernos se intentó construir una nueva manera de habitar.

Por eso, cuando hablamos de Barranquilla como laboratorio de la modernidad colombiana, no estamos hablando únicamente de una ciudad que fue pionera en muchas cosas, estamos hablando de una ciudad que, durante un período crucial de la historia nacional, experimentó con el futuro antes de que el resto del país estuviera preparado para recibirlo.

Y quizá esa sea la mejor manera de entender aquella vieja y poderosa identidad barranquillera: Barranquilla no esperaba a que la modernidad llegara a Colombia, Barranquilla fue uno de los lugares donde Colombia comenzó a descubrir qué significaba ser moderna.

Fuentes para profundizar

  1. La expresión “laboratorio de modernidad” proviene directamente del trabajo académico de Harold Dede Acosta, publicado por la Universidad del Norte.
  2. También resulta especialmente valioso el estudio de Carlos Bell-Lemus sobre la relación entre industria, puerto y ciudad, que analiza cómo Barranquilla desarrolló una adaptación excepcional a la modernidad industrial, la racionalidad capitalista y la idea de progreso.
  3. La Red Cultural del Banco de la República ofrece, además, una síntesis histórica muy documentada sobre el papel de Barranquilla como puerto, centro industrial y puerta de entrada de tecnologías, inmigrantes e ideas al país.
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