En español decimos muchas cosas “sin pensarlas”, y una de las más comunes es: “sube para arriba” o “baja para abajo”. ¿Está mal dicho? ¿Es un error? ¿O simplemente una forma expresiva del habla cotidiana? Vale la pena reflexionar.
Las expresiones «subir para arriba» y «bajar para abajo» son consideradas correctas y válidas por la Real Academia Española (RAE). Desde el punto de vista estrictamente gramatical, expresiones como “subir para arriba” o “bajar para abajo” contienen una redundancia. El verbo subir ya implica dirección ascendente; no necesita que se le agregue “para arriba”.
Lo mismo ocurre con bajar, que ya indica movimiento descendente. Técnicamente, estamos ante un pleonasmo, es decir, la repetición innecesaria de una idea que ya está contenida en la palabra principal. Ejemplos similares serían:
- “Entrar para adentro”.
- “Salir para afuera”.
- “Lo vi con mis propios ojos”.
- “Cállate la boca”.
Sin embargo, aquí es donde el análisis se vuelve interesante. No todo pleonasmo es un error. En muchos casos cumple una función expresiva, enfática o incluso cultural. En la oralidad, especialmente en contextos familiares o regionales, estas construcciones refuerzan la idea de dirección o intensidad.
Cuando alguien grita: “¡Sube para arriba ya mismo!”, no está cometiendo necesariamente una falta grave de idioma; está enfatizando la urgencia. La repetición añade fuerza emocional. Lo mismo sucede en la literatura y en la retórica: el pleonasmo puede ser un recurso estilístico válido.
La cuestión, entonces, no es simplemente si está “bien” o “mal”, sino en qué contexto se usa. En un texto académico, en un informe formal o en una redacción profesional, lo recomendable sería evitar la redundancia y escribir simplemente “sube” o “baja”. Pero en el habla cotidiana, estas expresiones forman parte del registro coloquial y no afectan la comunicación.
Este fenómeno nos recuerda algo importante: el idioma no es solo una estructura rígida de normas; también es una herramienta viva que expresa emociones, identidad y contexto social. La corrección lingüística no debe convertirse en un instrumento de superioridad cultural. Corregir tiene sentido en espacios formales; ridiculizar el habla popular, no.
En conclusión, “subir para arriba” y “bajar para abajo” son redundancias desde la gramática normativa, pero no son un atentado contra el idioma. Son ejemplos de cómo la lengua se adapta a la necesidad humana de enfatizar, insistir y expresar con mayor intensidad lo que sentimos. Hablar bien no siempre significa hablar rígidamente; significa saber elegir la forma adecuada según la situación.
Situaciones anecdóticas donde el pleonasmo cumple una función expresiva
En la vida cotidiana, estas expresiones suelen aparecer en contextos de emoción, urgencia o cercanía:
- Una madre que ve a su hijo trepado en un muro y grita: “¡Bájate para abajo inmediatamente!” Aquí la redundancia no busca precisión gramatical, sino intensidad emocional.
- En una discusión de pareja: “Sube para arriba y hablamos tranquilos.” El “para arriba” refuerza la dirección, casi como si señalara físicamente el lugar.
- En un partido de fútbol de barrio: “¡Súbala para arriba!” El énfasis acompaña la adrenalina del momento.
En estos casos, el pleonasmo funciona como recurso enfático. No agrega información nueva, pero sí carga expresiva.
Contextos donde el pleonasmo no es admisible
Hay escenarios donde la redundancia puede generar ambigüedad, imprecisión o falta de profesionalismo, y por tanto no es adecuada.
- En textos jurídicos o técnicos
- En un contrato o en una sentencia judicial, escribir: “El ascensor deberá subir para arriba hasta el último piso” sería impropio. La redacción correcta sería simplemente: “El ascensor deberá subir hasta el último piso.”
- En estos contextos, la economía y precisión del lenguaje son esenciales.
- En instrucciones técnicas. En un manual de ingeniería o aviación, por ejemplo: “El piloto debe elevar el avión hacia arriba” resulta innecesario y poco técnico. Basta con: “El piloto debe elevar el avión.”
- En entornos donde la seguridad depende de la claridad del mensaje, la redundancia puede restar precisión.
- En contextos académicos
- En un trabajo universitario, escribir: “La temperatura aumentó para arriba” no solo sería redundante, sino incorrecto en registro formal.
Referencias donde el pleonasmo sí es legítimo
Curiosamente, el pleonasmo no siempre es error. En literatura y retórica es una figura válida. En el Cantar de Mio Cid encontramos repeticiones enfáticas. En la tradición oral y en el habla popular latinoamericana abundan estas estructuras como rasgo identitario. Incluso en expresiones consolidadas como:
- “Lo vi con mis propios ojos.”
- “Calla la boca.”
- “Salió afuera.”
- la redundancia se ha naturalizado.
Finalmente, el punto central no es prohibir el pleonasmo, sino comprender el principio de adecuación lingüística: hablar según el contexto. El lenguaje formal exige precisión y economía. El lenguaje coloquial permite énfasis y repetición.
Confundir ambos planos es el verdadero problema. No todo lo redundante es incorrecto; lo incorrecto es usar un registro inapropiado para la situación.
En conclusión, “subir para arriba” y “bajar para abajo” no son “errores graves” en la conversación cotidiana, pero sí deben evitarse en contextos formales, técnicos o jurídicos donde la exactitud es prioritaria. Saber cuándo usarlos, y cuándo no, es una muestra de competencia comunicativa más que de simple corrección gramatical.
